Mudarte a otro país suele verse como un gran logro. Conseguir un buen trabajo, vivir en una ciudad que siempre soñaste, mejorar tus ingresos o brindarles nuevas oportunidades a tus hijos son objetivos que muchas personas persiguen durante años.
Sin embargo, hay una realidad de la que se habla poco: muchos expatriados sienten un profundo malestar emocional aun cuando, desde afuera, pareciera que todo marcha bien.
Si alguna vez pensaste "No entiendo qué me pasa. Tengo un buen trabajo, una buena calidad de vida, pero no logro sentirme feliz", no sos el único. Es una experiencia mucho más frecuente de lo que imaginás y tiene explicación.
Cuando el éxito no alcanza
Uno de los mayores desafíos de vivir en el exterior es que el cambio no solo implica un nuevo país. También significa dejar atrás una parte importante de la propia identidad.
Muchas personas llegan con la expectativa de que, una vez instaladas, todo mejorará. Pero después de algunos meses aparece una sensación difícil de describir.
No necesariamente es tristeza permanente.
Es algo más sutil.
Una especie de vacío.
La sensación de no pertenecer completamente a ningún lugar.
De estar funcionando, pero no disfrutando.
Es común escuchar frases como:
- "No tengo motivos para sentirme mal."
- "Objetivamente mi vida mejoró."
- "Me siento culpable por no valorar lo que conseguí."
- "Extraño cosas que antes ni siquiera apreciaba."
- "No me reconozco."
Ese conflicto interno suele generar todavía más angustia porque la persona cree que debería sentirse agradecida y feliz.
El duelo migratorio existe
Cada mudanza internacional implica un proceso psicológico conocido como duelo migratorio.
No se trata únicamente de extrañar a la familia.
También se pierde, aunque sea temporalmente:
- la red de amigos;
- las costumbres cotidianas;
- los lugares conocidos;
- el idioma o la forma natural de comunicarse;
- la sensación de pertenecer;
- referencias culturales;
- parte de la identidad profesional o social.
Todo eso requiere una adaptación emocional.
Y esa adaptación lleva tiempo.